Me di cuenta cuando llegué a casa. Me cortó por encima de las patillas un poco a lo juventud hitleriana. Me dejó de atrás como un champiñón. Y atención ¡Me rasuró una verruga de la nuca! ¡Me di cuenta del chorreo de sangre por casualidad!
¿Pero es que no vio que me había rajado, la muy guarra?

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